I N J U S T I C I A
Ayer domingo, marché a Sanlucar de Barrameda con mi familia porque a mi madre le interesaba visitar el palacio de la duquesa de Medina-Sidonia, una mujer más afortunada que trabajadora, pero bueno ese es otro tema.
A las dos y media serían, nos sentamos en un agradable bar de la plaza mayor a tomar unas típicas 'tapitas' sanluqueñas, cuando cual fue mi desagradable sorpresa al darme cuenta (y más tarde cerciorarme) de que se sentaba a mi espalda un hombre de entrada edad clasificado según mi criterio como desperdicio y/o basura humana.
Desde el momento en el que pasé la vista por su figura, parándome en su pelo perfecto, su cinturón rojo y amarillo y escudriñando sus grotescos gestos al comer, supe que me había topado con alguien que me iba a dar de que hablar.
Todo transcurría con calma (obviando sus gritos a los camareros) hasta que un joven africano se acercó a nuestras mesas con una bandeja de relojes para intentar hacer alguna venta.
Ese abominable monstruo de la repugnancia comenzó a escupirle barbaridades y a humillarle delante de decenas de personas, se le hinchaba el pecho cada vez que lanzaba una crueldad, los ojos le brillaban con gestos de inmadurez, sus asquerosas manos le tocaban la espalda al joven con ansias de superioridad. Fue una escena despreciable, incalificable, absolutamente intolerable.
Me avergüenza tener que compartir el aire que respiro con gente como esta.
¿Es esta la supuesta GRAN y ESTUPENDA sociedad del S.XXI? Porque si es así que paren el tren, quiero mudarme a otra realidad.
